
¿Por qué sometemos nuestros calentadores a pruebas en cámaras de vapor? Producimos calentadores infrarrojos de clase IP55. Si no eres un experto en tecnología, eso significa que están diseñados para usarlos en lugares donde puede haber humedad, como el baño o una terraza en días lluviosos. En teoría, la clasificación IP55 indica que el aparato es resistente al polvo y puede soportar algunas salpicaduras de agua. Pero aquí está el problema: la clasificación indicada en las especificaciones técnicas no explica todo. Un calentador puede ser impermeable el día que sale de fábrica, pero ¿qué pasa tres años después? Por eso sometemos cada lote de calentadores a pruebas de envejecimiento en condiciones húmedas y calurosas. En esencia, intentamos “romperlos” intencionadamente. La lucha contra el vapor Piensa en tu baño: un minuto está helado, al siguiente está como una sauna. Este cambio brusco de temperatura genera condensación dentro del cuerpo del calentador. Si el sello es débil o el revestimiento comienza a agrietarse, la humedad puede entrar. Una vez que llega a los terminales eléctricos, surge un problema: cortocircuitos, parpadeos o algo aún peor. Utilizamos cámaras controladas para simular años de exposición al vapor y a la humedad en solo unas pocas semanas. Es la única forma de estar seguros. El problema del ensanchamiento y contracción Los elementos infrarrojos se calientan enormemente. Luego se enfrían y vuelven a calentarse. Todo este proceso de expansión y contracción genera mucha tensión en el vidrio de cuarzo y en el marco metálico. Observamos si las juntas comienzan a encogerse o a desplazarse. Incluso una pequeña grieta, que no se podría ver a simple vista, puede destruir la protección IP55. También vigilamos de cerca los puntos de contacto. Si comienzan a oxidarse, la electricidad tiene que esforzarse más para pasar a través de ellos. Eso genera calor en lugares innecesarios y hace que la lámpara se dañe antes de tiempo. Encontrar el equilibrio perfecto Hay un equilibrio delicado que debemos mantener. Si sellamos el calentador herméticamente para evitar que entre ni una gota de agua, crearemos en realidad un “horno”. Los componentes electrónicos no podrán funcionar adecuadamente y acabarán dañándose. Por eso dedicamos mucho tiempo a ajustar el diseño. Necesitamos sellos lo suficientemente sólidos como para evitar que entre el vapor, pero también sistemas de ventilación eficaces que permitan que el calor se escape. Es como jugar al tira y afloja, pero preferimos que el dispositivo falle en nuestro laboratorio antes que dejar de funcionar justo cuando uno está saliendo de la ducha.